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El ‘Cincuentenariazo’: la amenaza y la inspiración

sociocordobes Por sociocordobes

el 24-10-2017 a las 17:17

El ‘Cincuentenariazo’: la amenaza y la inspiración
El ‘Cincuentenariazo’: la amenaza y la inspiración
El ‘Cincuentenariazo’: la amenaza y la inspiración

La temporada 2004-05 se ha convertido en referencia del cordobesismo para cotejar los datos de aquel histórico curso con los números del actual

 

Jona, en el Carlos Tartiere de Oviedo | LOFJona, en el Carlos Tartiere de Oviedo | LOF

La estadística dice que solo hubo una temporada con peores números, a estas alturas del campeonato, en los 32 años del Córdoba en la Segunda División. Fue la 2004-05, en la que se festejaba el cincuenta aniversario de la fundación de la entidad. En las primeras once jornadas de aquella campaña había amarrado 4 puntos. Ahora cuenta con 9, gracias a tres victorias (Albacete, Tenerife y Alcorcón) y ocho derrotas, una marca pésima. Algo nunca visto durante la etapa de Carlos González al frente de la sociedad.

 

El periodista Enrique Ferrer reveló en su cuenta de Twitter @eferrer86 un dato escalofriante. El Córdoba ha encajado la octava derrota en Liga más pronto que nunca. En la temporada en Primera División, la 14-15, el octavo revés no llegó hasta la jornada 20. El equipo perpetró un curso cochambroso y terminó descendiendo como colista. En el resto de las campañas en Segunda, el octavo partido perdido no se produjo hasta las jornadas 31 (11-12, con Paco Jémez), 27 (12-13, con Berges), 23 (13-14, con Villa y Ferrer), 23 (15-16, con Oltra) y 22 (16-17, con Oltra y Carrión).

 

Volvamos al Cincuentenariazo. Las primeras once jornadas fueron un auténtico horror. A Esteban Vigo lo pusieron en la calle después de haber sumado un punto (empate en casa con el Pontevedra) en los primeros siete partidos. El Boquerón dejó al equipo colista y un ambiente incendiado por un boicot a los medios de comunicación locales, después de algunos artículos considerados demasiado críticos. En la octava jornada llegó Robert Fernández, un ídolo de la entidad después de retirarse como futbolista con la camiseta blanquiverde. El actual director deportivo del Córdoba solo duró cinco partidos. Ganó uno (al Nástic por 2-0) y perdió los otros cuatro. Llegó entonces Rafael Alcaide Crespín, Crispi, un entrenador bien conocido en la casa por etapas anteriores. Pero el asunto no terminaba de enderezarse. La primera vuelta la cerró el Córdoba tal que así: colista de Segunda, con tres victorias, tres empates y quince derrotas. Sumaba 12 puntos. A 11 de la salvación. Un cadáver deportivo.

 

¿Y qué pasó después? Ocurrió que después de un intenso movimiento en el mercado invernal (el argentino Saja, el italiano Pierini, los brasileños Marchiori y Anderson Costa, el venezolano Leo Jiménez, el sueco Soderstrom… más los españoles Ruano o Marc Bertrán) el equipo fue hacia arriba. Después de perder en casa ante el Ciudad de Murcia (0-1) estuvo ocho jornadas sin conocer la derrota. Una corriente de ilusión loca, seguramente poco razonable pero de una intensidad bestial, se expandió entre el cordobesismo. Hubo un movimiento de colectivos sin precedentes, una alianza entre peñas, veteranos, medios y el propio club. En el estadio apareció una pancarta mítica -“El Arcángel no se rinde”- y el Córdoba se convirtió en foco del fútbol nacional. El milagro era posible. Ningún equipo en toda la historia había conseguido salvar la categoría después de hacer 12 puntos en la primera vuelta. La posibilidad de protagonizar una hazaña sin precedentes encendió el fuego en un Córdoba que se creció.

Juan Carlos Rodríguez, junto a Rícar, en un entrenamiento de la 2004-05.Juan Carlos Rodríguez, junto a Rícar, en un entrenamiento de la 2004-05.

Después de dos meses sin perder, el Córdoba cayó en el Colombino de Huelva (3-1) en un partido en el que el hermanamiento entre aficiones provocó cánticos unánimes que reprobaban a Crispi. El club destituyó al cordobés, que se fue entre agrios reproches y blandiendo una estadística que demostraba la recuperación bajo su mando. Lo suplió el director deportivo Juan Carlos Rodríguez. El leonés estuvo once partidos al frente. Con él se disparó el pulso del cordobesismo. Tras caer ante el Racing de Ferrol (1-2, con gol del cordobés Curro Vacas) y ser goleado en Cádiz (4-1), el equipo parecía muerto. Pero resucitó ganando cuatro partidos y empatando uno en los cinco siguientes.

 

Con esos 14 de 16 volvió loca a la ciudad y se colocó en una tesitura impensable: depender de sí mismo en las dos últimas jornadas. Tenía que sumar los seis puntos ante el Valladolid y Tenerife. Perdió ante los blanquivioletas y luego sumó un triunfo ya inútil en la isla. Se quedó a un punto de la salvación tras haber firmado una segunda vuelta extraordinaria: 34 puntos con 9 victorias, 7 empates y 5 derrotas, marcando 32 goles y encajando 25. Una verdadera barbaridad. Números de candidato al ascenso a Primera… para terminar en Segunda B.

 

La efeméride resultó un compendio en nueve meses de todas las paradojas que identifican al cordobesismo: una catástrofe deportiva que terminó con el estadio lleno y con el público puesto en pie ovacionando a los suyos después de perder la categoría. La alucinante escena dio la vuelta al mundo. El 3-4 ante el Real Valladolid queda como uno de los clásicos en el imaginario del cordobesismo, que supo transformar su desgracia en un estímulo -y un argumento de marketing imbatible- para construir el proyecto del futuro. Un año después llegaban los de siempre, Campanero y Escalante, para arreglar el entuerto. El Córdoba es un club capaz de generar sucesos que el cerebro humano normal es incapaz de procesar. Bendito sea por siempre.

Fuente: Cordopolis
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